Mural 1: Leyenda del Gran Conejo Ampliar

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Leyenda del Gran Conejo

Cuenta la leyenda que, en el año 1200 entre los pueblos viajeros originarios del mítico Chicomoztoc, entre Toltecas, Olmecas, Teochimecas, Nahuas, Tlahuicas, Chichimecas etc. Pasó una tribu la cual tenía un Rey llamado Cozolitzin, quien tuvo una hija llamada Acatzin, que estando ya en edad casadera, recibía el cortejo de capitanes y guerreros, llevándole obsequios y rechazándolos a todos y cada uno que se le presentaba, excepto al guerrero Acatepec, el cual ofrendó un hermoso y blanco conejo, llamando su atención y enamorándose ella de él y él de ella al instante.

Llegando a un acuerdo y bajo el permiso del Rey Cozolitzin, se mandó a realizar los preparativos para la ceremonia lo cual alegró a todos, menos al brujo malvado de la tribu llamado Tocapatli, el cual había sido rechazado al igual que los demás, más éste no soportó el rechazo de la princesa y juró impedir el lazo, pues si no era para él, no sería para nadie. Fue así, como en el día de la ceremonia, bajo el canto del teponaztli y listos para casarse, apareció el brujo, el cual la noche anterior invocó las fuerzas malignas, obteniendo el poder de transformar cualquier ser humano en cualquier animal. Ya reunidos en la plaza principal, inició el ritual y en el momento de unir los mantos de Acatzin y Acatepec, Tocapatli conjuró el embrujo, convirtiendo en conejo a la princesa, lanzando también una maldición sobre el teocalli, provocando la ira de Acatepec que enfurecido y con la sangre fría de un guerrero, enterró su cuchillo de pedernal atravesando el corazón del anciano brujo, muriendo este instantáneamente.

La tristeza invadió al Rey, llevándolo pronto a su muerte, quedando Acatepec, como protector de las tierras, sin embargo, los demás decidieron partir dejando solo al guerrero cuidando del conejo y del sepulcro del jefe Cozolitzin. Pasado un tiempo, el Dios Sol bajó y vió con benevolencia al guerrero Acatepec, quien había cuidado con amor el territorio, decidiendo este convertirlo en el cerro protector del valle, donde se extendería el señorío del Gran Conejo, quedando así en la copa del cerro Acatepec un conejo rodeado de un hermoso bosque de flores y siendo esto lo primero que vieron en 1327 los viajantes venideros a este territorio llamado Otlaquiquiztla, en náhualt (lugar de las trompetas de Otate / bambú) decidieron nombrarlo, Cuauhtochco, que según el lingüista Robelo podría venir del náhualt “Hueytochco” (Huey- Grande/ Tochtli-conejo/ Co- lugar), que traduciéndolo podríamos interpretar como “En donde se venera al Gran Conejo”.

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